Muchas personas han tratado esta problemática y a mi juicio, han logrado captar el mensaje que se supone, todos debemos recibir y hacer realidad, pero lastimosamente, la discusión sigue siendo desde hombres para hombres, así como el feminismo, con toda su "gloria" equitativa, escribe para mujeres desde mujeres. La novedad que busco alcanzar acá, consiste en la definición de la problemática, las raíces históricas y la descripción un tanto burda (pues no soy psicólogo) de la psique masculina, entendida acá como la concepción en el género masculino y desde la heterosexualidad (un tanto relacionada con la homosexualidad como se verá luego) y consecuentemente, de la concepciones estéticas que giran en torno del mito masculino.
Antes de entrar en la dinámica del texto, valdría le pena mencionar algunos autores y escritos que abordan dicha problemática y son quienes han formado escuelita para que este autor tenga una mayor perspectiva de la temática a abordar, y estos son: "El género masculino" de Carl Jung; "De la soltería" Javier García Gilbert. Vale aclarar, que de este último (de la soltería) solo he leído reseñas, pero estas han bastado para generar incertidumbre y respuestas a la problemática que busca representar.
La masculinidad: El género despreciado.Desde los movimientos feministas, el mito que ha existido sobre la sexualidad, entendido como el conjunto de sentimientos, acciones y pensamientos que diferencian a los sexos, cayo, y consecuentemente, se estableció un nuevo paradigma, el paradigma nihilista de la sexualidad, entiéndase acá con nihilismo que es una forma de decir que todos seremos lo que sea, pero no existe parámetro que permita identificar el sentir de los demás y que exista un modo intersubjetivo para diferenciar sexos.
Las mujeres tuvieron en ese entonces (y aun poseen) la facultad para decidir por sí mismas lo que quieran ser, pero, como cualquier "gran revolución", dejo detrás una cantidad de desastres y preguntas sin contestar, entre ellas ¿Cómo se debe constituir una sexualidad y una psique sentimental, fuera de los patrones previamente establecidos? ¿Cómo definir la masculinidad? ¿Cómo diferenciar mi persona de la otra? Sin mencionar la cantidad de problemas nuevos que surgieron sobre la maternidad y paternidad, cosa que nunca se había cuestionado ni tomado acción en políticas estatales. Todo esto, formo un conglomerado de acciones, cosmovisiones y limites nuevos al gran paradigma de la sexualidad, siendo así, la nueva tarea (ignorada por las feministas) de establecer una idea de cómo proceder ante semejante golpe.
Curiosamente, en paralelo a todo lo anterior mencionado, en el ámbito político, comenzaron los movimientos homosexuales (liberación gay) que, de nuevo, curiosamente, muchos de las caras más reconocidas eran hombres. Todo esto, añade más tela que tejer sobre cómo se supone debemos entender nuestra sexualidad, sobre todo, cuando en ámbitos feministas, se miraba como sorprendente dichos movimientos, causando la respuestas de varias representantes de los movimientos feministas a reaccionar de manera contraria a estos; Patrón que parece establecer parte de la hipocresía política que comenzaría a tomar forma consecuentemente en el desarrollo del movimiento en los años siguientes. Dicho contexto político, da base para demostrar que el gran paradigma feminista, cuyas intenciones "equitativas", dejaron de lado grandes preguntas y se enfocaron más en la auto-proclamada lucha en contra del sistema patriarcal.
De grandes preguntas, encontramos pocas respuestas.La realidad que hemos comenzado a describir, no parece muy alentadora como para establecer posibles
parámetros para el desarrollo de tesis al respecto de la problemática sexual, peor aún, el tema nunca se abordó, exceptuando por aquellos que comenzaron a especular sobre las repercusiones estéticas que conllevaría para los futuros postmodernos. Parte de las especulaciones giran en torno a la concepción de belleza (evidentemente, estamos hablando de concepciones estéticas) que suponían establecer un parámetro de interioridad, es decir, que más se giraría entorno al pensamiento interno y los valores que establecen la forma de actuar de los individuos, siendo así, el establecimiento del paradigma estético, donde lo bello es lo interno que constituye formas externas que son merecedoras de contemplación.
Es aquí donde comenzamos a poder extraer valores capaces de comprensión conceptual. La valoración de la constitución humana de la psique, será una de las futuras piedras angulares para la reformación de un concepto sobre la sexualidad. Pero, esto no dice mucho, pues no nos permite establecer un parámetro de actuación y las indicaciones proporcionadas por esta conceptualización, no permiten ver más allá de lo interno, cuya valoración o actuación, no es tan radical, ya que no habilita a la persona medios de desarrollo. Sin mencionar que son fácilmente extrapolables a la constitución de valores machistas y hembristas sobre los otros, causando más fundamentalismo ortodoxo que solo se convertirá en una problemática burda fuera del espectro intersubjetivo.
La raíz de la crítica al mito masculino¿Qué fueron, precisamente, los valores que cayeron con la crítica feminista? Antes de responder, hay que aclarar que el desarrollo de estos valores (tanto masculinos como femeninos) llevan muchísimos años (casi 3000 si contamos escritos sobre la moralidad) por lo que dichos valores mutan y parte de la respuesta, gira en torno a las razones sociales de dichas mutaciones, causando más un re-ajuste moderno a los valores antiguos.
Los valores puestos en crítica fueron: Las concepciones estéticas de belleza femenina, las concepciones morales sobre el sexo femenino, las concepciones biológicas que establecieron paradigmas fijistas sobre el rol que desempeña el sexo femenino. Estos fueron los principales, pero, estos no son los únicos, pues como ya nos hemos referido anteriormente, estos valores no solo afectan al sexo femenino, también al masculino, por lo que los valores siguientes, serán los consecuentes de la crítica feminista: La concepción sobre la sexualidad masculina, los valores intersubjetivos sobre la belleza masculina, el desarrollo del sentir masculino y la más fuerte de todas, la idea masculinidad y de todas sus subsecuentes ramificaciones psicológicas, antropológicas, morales, estéticas, políticas, etc.
Parte de esto se desprende de la crítica feminista, pues lo reconozcan ellas o no, la crítica supone elementos generalizadores, causando así las ramificaciones que se nombraron con anterioridad y dejando detrás de su "revolución", un gran dilema que se pretendía responder desde una perspectiva, la perspectiva feminista, es decir, el sentir de mujeres para mujeres. Y como dije anteriormente, parte de la hipocresía del feminismo en este aspecto, es la pretensión que con la crítica se puede constituir nuevas respuestas por arte de magia y es más, actuaron de dicha forma, no respondieron a la incertidumbre dejada atrás por la destrucción de todo un paradigma. Aunque vale la aclaración, dicho enunciado, no se pretende declarar como falso, lo que se pretenden acentuar, es la falta de responsabilidad de parte de la autoría académica (conceptualizaciones) el dejar que su crítica se constituya paradigma sin responder a las interrogantes que supone, debería responder.
El mito de la masculinidadMuchas de las concepciones de la masculinidad, giran en torno a particularidades que luego se convertirán en las ramificaciones que la crítica feminista dejo en el ámbito masculino.
Dichos valores, son bastante antiguos, como la idea de heroísmo. En todas las grandes narraciones épicas y mitos antiguos, es el hombre quien ejerce los actos merecedores del título 'heroico', y dichos actos se caracterizan por ejercer su fuerza respecto a la impotencia de otros de responder a agentes externos que buscan causar daño. Debido al gran periodo de tiempo que este valor se ha constituido, ha ido teniendo variaciones, como la idea de honor, en donde se pretendía adquirir como una especie de 'merito' y casi de 'mercancía', en donde se es honorable por ejercer actos que suponen son nobles y sin interés, cuyo premio es la mención 'honorifica' del hombre, siendo así, una especie de refuerzo del heroísmo.
Otro de los valores a destacar, es el de fortaleza, pero acá, vale ser cautos, pues si bien, es uno de los más evidentes, también es uno de los más incomprendidos. Fuerza no se traduce en simple coraje ante situaciones que supondrían grandes riesgos, sino la capacidad de persistencia ante los obstáculos. Y al igual que los valores anteriores, ejemplos de estos existen en las grandes narraciones épicas, y es aquí donde se refuerza la observación inicial, donde el héroe (por usar la más burda y cliché de las narraciones) al querer obtener la seguridad para su doncella, no significa que no siente o que no prevea los obstáculos sin sentirse renuente, pues el sentimiento inicial de persistencia radica en la clara situación 'peligrosa' en la que dicha doncella puede encontrarse, en pocas palabras, siente temor y he ahí la gran concepción renuente de la doncella como premio, pues el héroe ha persistido tantas cosas para quitarse de encima el sentimiento de horror, frustración, temor o lo que sea que haya sentido al inicio de la narración.
Sin duda alguna, el valor más destacable (y otro mal entendido) sobre el mito de la masculinidad, es la paternidad. Donde es el hombre quien provee, es quien se encarga de la seguridad y la estabilidad familiar y es el hombre quien responde ante las situaciones adversas que se puedan presentar dentro de la comunidad familiar. Muchas han interpretado esto como la señal de una institucionalización del modelo patriarcal en el ambiente familiar que asegura la reproducción del modelo, a lo que hay que responder con un rotundo no, ya que si bien, bajo este arquetipo, es el padre quien se asegura de la estabilidad familiar, esto no se correlaciona con la enseñanza o figura a seguir, pero vale aclarar en este último enunciado que no se refiere a que los niños/as no seguirán el modelo de personas que ellos vean, sino que de parte de los adultos, no se les enseña perse dichas actitudes, más bien es el resultado de la necesidad cognitiva de los niños/as de aprender cómo ser una persona. Pero regresando al tema, la paternidad se volvió el culmen de todos los valores, en donde una vez obtenido los 'requerimientos' para ser 'masculino', tiene el aval para constituir la comunidad familiar en conjunto con la doncella idealizada.
Conceptualización masculina: La crisis
Con lo anterior mencionado, podemos ver que el arquetipo de 'masculino' ha respondido a una mitisación extraordinaria, reforzada y mutada por las sociedades por muchísimos años. Y he aquí el punto de este texto, en donde la masculinidad cayó en un nihilismo total, en donde (si se pretende ir acorde a las reglas constituidas socialmente) no se puede seguir siendo 'masculino' bajo el arquetipo tradicional, y en donde ya no existen los valores paradigmáticos que permitan al 'hombre' constituir una sexualidad que responda a la modernidad.
Los grandes valores masculinos dejaron de existir y ya no tienen correlación con los valores modernos. El hombre fue dejado atrás como un ser carente de desarrollo personal y social, pues los arquetipos de la feminidad tampoco tienen relación alguna con la masculinidad. Siendo así, la crisis de la conceptualización masculina.
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Antes de continuar con el texto, vale establecer una observación. La siguiente parte (La homosexualidad: el antagonista de la conceptualización masculina.) no consta de una correspondencia práctica, más el autor mostrara una aparente correlación teórica, por lo que parte de lo se expresara a continuación, queda a discreción del lector.
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La homosexualidad: el antagonista de la conceptualización masculina.
Evidentemente, en un momento de crisis conceptual, la masculinidad recibe
otro golpe y son los movimientos homosexuales. Esto rompe completamente el
paradigma masculino, ya que la idea de juntarse hombres con hombres para formar
el arquetipo de familia tradicional, no era compatible de ninguna manera con la
forma tradicional de masculinidad, ya no se diga el establecimiento de
relaciones interpersonales con alguien del mismo sexo, ya que no cabía en el
arquetipo la correspondencia de un hombre con otro hombre.Esto representa una de las respuestas a la crisis de la masculinidad, ya que al no haber una correlación establecida con el otro género, la única forma viable seria con alguien del mismo género, siendo así, la constitución de la homosexualidad como la gran antagonista de la concepción masculina, que responde a la inquietud como una respuesta al ya caído arquetipo.
Pero hay que observar con cautela lo siguiente, en la antigüedad, se concebía como la única forma de 'amar', como la relación entre hombres, pues estos al contar con las libertades necesarias para desarrollarse autónomamente como personas, eran los únicos capaces de realizar a totalidad el acto de relacionarse con otros y establecer una correspondencia.
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Concepciones y respuestas postmodernas: una nihilidad necesaria pero
intersubjetiva.Considerando la relativa distancia temporal existente desde las grandes revoluciones de género, parece ser que el paradigma de dicha crisis, se ha acentuado en nuestras sociedades sin causar mayor revuelo, aparte de los pocos autores que responden de una u otra manera a dicha problemática desde sus propias áreas. Pero las partes más medulares que se han heredado son: ¿Cómo me debo de relacionar con otros? ¿Qué es el otro género respecto al mío? ¿Qué se supone debe ser lo masculino o si acaso debe existir una diferencia de géneros? y la más resaltante de todas ¿Qué representa mi psique, cosmovisión y moralidad respecto a los otros? La respuesta más inmediata, sería la de responder a las preguntas como el lector crea conveniente, pero la pretensión de este escrito es intentar establecer algunos parámetros posibles que constituyan elementos intersubjetivos a ver en la realidad que permitan el desarrollo de la persona y una mejora para la sociedad.
Debemos reconocer que aunque la crítica feminista se ha acentuado bastante en las sociedades actuales, ciertos paradigmas del arquetipo masculino persisten, como el valor del heroísmo, entendido en la modernidad como el deseo intrínseco con el otro género de asegurar el bien en todo momento. Se debe reconocer que por desfasado que sea, aún tiene repercusiones en las sociedades actuales. Otro de los elementos a considerar, es el contexto tecnológico y sociológico que poseemos ahora, en donde nos permite tener una cantidad de información que permite al individuo constituir un mejor criterio de los arquetipos que las sociedades puedan formar independientes de las críticas feministas y las concepciones desfasadas de masculinidad. A su vez, no podemos dejar atrás los avances biológicos en la neurociencia, donde se establecen ciertos parámetros corporales y neuronales que constituyen diferencias notables y radicales de géneros, como las hormonas.
Junto a lo anterior mencionado, tenemos que tomar en cuenta las tendencias que se están presentando en las sociedades occidentales (y un tanto orientales) actuales, como lo son la posibilidad de formar avatares cibernéticos que respondan a nuestras necesidades sexuales, personales y culturales. Y a juicio de este autor, dicha tendencia muestra parte del resultado que se legó con la crisis masculina, en donde se desarrollan seres con arquetipos distintivos para responder a las necesidades sentimentales de los hombres, que constituye parte del nuevo paradigma tecnológico y sociológico de las sociedades actuales. Aunque dicha problemática suscita una pregunta interesante: ¿Qué supone, entonces, los sentimientos respecto a seres inexistentes fuera del ámbito digital y cibernético? Esto responde a la habilidad de las personas de 'humanizar', es decir, de sentir empatía con otras 'cosas' o 'seres', causando que las personas vean de iguales estos 'otros', concibiéndoles estados de equidad respecto a nosotros.
Sin duda alguna, el arquetipo de masculinidad, actualmente, parece estar tomando forma en lo anteriormente mencionado, donde no se responde necesariamente al arquetipo desfasado de masculinidad, sino de relacionarse respecto a otro de una manera particular con el hombre, es decir, diseñamos una relación respecto de nosotros para responder a nosotros.
Lo cual suscita una interesante observación. Dichas conceptualizaciones están tomando la forma contraria del arquetipo desfasado de masculinidad, donde ahora el hombre no se caracteriza por su fuerza, heroísmo o paternidad, sino de timidez, sencillez, sensibilidad y determinación.
Pero la pregunta persiste: ¿Qué relación existe entre los géneros? o ¿Por qué debería de existir una? ; ¿Qué objetivo tiene formar parejas, si la finalidad ya no es procrear?
Pues también he de admitir que no parece clara la respuesta, pues sin duda alguna, una característica fundamental de la humanidad consiste en su capacidad de relacionarse y sentir empatía, pero en el contexto que estamos planteando (de relaciones), ya no existe la idea de dependencia de una persona con otra. Sabemos que somos autónomos y, si acaso, decidimos por cuenta propia ser dependientes de otro al momento de relacionarnos, por lo que de una manera, refleja parte de la crisis actual con las parejas, donde el matrimonio ha perdido sentido como una institución social y prolifera uniones libres sin ataduras respecto a otros. Siguiendo esta tendencia, podemos concluir ciertas observaciones: La finalidad de las relaciones depende altamente de las concepciones personales que ambos individuos tienen sobre su psique, moralidad y sexualidad, y esto se vuelve la piedra angular de la determinación de la relación. En segundo lugar, si bien no existe una dependencia de una persona con otra, pero si responde a ciertas figuras sobre la persona ideal; no en el sentido tradicional de 'mi media naranja', sino de lo que yo espero del otro que sea conmigo o para mí. En tercer lugar, la misma idea de relación ha perdido sentido, pues ya no es necesario estar con alguien para seguirte desarrollando como persona, más bien, se ha vuelto una comodidad, es decir, una facultad que me permite aprender más de mí y por tanto, se vuelve una herramienta útil, más no necesaria.
También vale mencionar que aun en la modernidad ‘actual’, se espera del hombre muchas cosas, al igual que se esperaba de la mujer una responsabilidad en el hogar, es decir, la sociedad exigía tanto del hombre como de la mujer, respondieran a un arquetipo, pero a diferencia de épocas pasadas, aun se espera del hombres responda al arquetipo estético, masculino y moral, en donde no cumplirlo, significa haber fallado y ser una desgracia para el género. Dicha connotación, refleja parte de la complejidad que en la crítica feminista se ignora, ya que, como se ha dicho con anterioridad, se pretenden analizar un fenómeno, desde una única vertiente, la feminidad.
Para finalizar el texto, vale mencionar que la concepción de masculinidad, si bien, puede no tener una idea clara en este texto, si pretende impartir criterios con los cuales el lector puede estar más informado. Pero también se pretende mostrar los obstáculos que la misma sexualidad masculina presenta, donde no todo viene predestinado y donde solo basta esperar para recibir, más bien, se nace con una responsabilidad de ser 'x' sin preguntar el por qué o las implicaciones que pueden tener. Se quiera o no, la masculinidad, al igual que la feminidad, presenta retos y no se pueden dejar desapercibidos y mucho menos olvidados. Ya sea desde la masculinidad o la feminidad, la crisis que se pretende relatar en el texto, busca contribuir a la discusión masculina y mostrar a las mujeres el reto que se presenta y espera de los hombres día a día.
