viernes, 24 de julio de 2015

Amor: Crisis estética; Nuevo paradigma contemporáneo del valor asignado al amor.

Es inadmisible que el amor es un sentimiento con un sin de epítetos y características atribuibles a este. Sin embargo, es en nuestra época, donde podemos apreciar realmente la significación de este. No solo por las connotaciones biológicas que se pueden rastrear, sino de los valores que supone representaban a este en el pasado y se encuentran ausentes ahora ¿Que valores eran estos? y ¿Que tan relevantes son para la constitución de una definición del amor? pero, lo mejor aún, ¿En dónde están estos valores? ¿Qué fue de ellos? Estas son las interrogantes que contextualizan la problemática a tratar.

Advertencias o aclaraciones.
No podemos negar que nuestro análisis, inicia con un tropiezo, o más bien, una advertencia. No podemos desligar al amor del contexto histórico, político, académico, económico, social, etc. En consecuencia, no entraremos en mayor detalle de las características que se vuelven incidentes en otras épocas, pero si revisaremos a grandes rasgos las incidencias que se encuentran presentes en nuestro contexto. Por ello, aunque si aludiremos a ciertas épocas y ciertas connotaciones que se le otorgo al amor, no por ello pretendemos que sea la única o la verdadera, sino, las que sirven para contextualizar nuestro análisis y nuestra situación.

Raíces fundamentales
Tradicionalmente, el amor se ha establecido como un sentimiento que se comparte, es decir, que es capaz de ser establecido por más de una persona, siendo dos personas, la manera tradicional de imaginarse dicho sentimiento.  Lo que ira variando en el tiempo, son las condiciones que permiten a dicho sentimiento ser, ósea, existen requerimientos necesarios para poder entender dicho amor y diversos contextos que lo definen en diferentes cosas. Es acá donde comenzamos a ver que si bien, dicho sentimiento se 'sobreentiende' es entre dos personas, nunca se puede dar por sentado que sea así.

Vale decir que otro de los fundamentos de dicho sentimiento, radica en que ambos sujetos de la experiencia, pertenecen al sexo opuesto. La incidencia de esto radica en los roles que cada uno toma en dicha experiencia y en consecuencia, supone diferentes formas de aceptar y ver el sentimiento.

Por ejemplo, durante la época clásica griega, era socialmente aceptable para hombres declararse este sentimiento. Es más, se pensaba que solo podía existir amor entre hombres. Nunca entre un hombre y una mujer. La mujer, únicamente era un recipiente. Un medio. Donde se perpetuaba la especie, es decir, no existía mayor rol que ser progenitora de la estirpe.

Cuando hablamos del amor, no podemos evadir la siguiente problemática: existen gradaciones del sentimiento, es decir, el amor, como tal, no existe sino es a través de un proceso donde se consuma y se vuelve amor, en otras palabras, a la base de todo, se encuentra una relación de afecto. El amor vendría ser el grado máximo de este y la sociedad regula que grados pertenecen a que roles. De tal forma que dicho sentimiento se puede usar de diversas formas con distintas personas.

En el medioevo, se tenía la concepción del Amor Cortés. Dicho amor, supone un proceso donde el amante busca a su amada. Esta o este, se encuentra alejado por 'x' o 'y' motivo, por ello, busca un medio al cual hacer saber de su sentimiento.

Es acá donde podemos ver las incidencias más fundamentales del 'proceso' que supone el amor. La suposición más clásica de dicho proceso, establece una incapacidad entre ambos y es el deber de uno de los sujetos, dar a conocer su sentir. Implícito esta, que existe una dificultad en quien muestra su afecto a diferencia de quien 'es' amado. Pues no sabe si la persona objeto de ser amado,

El desenvolvimiento del proceso, supone un riesgo a no ser correspondido, pues el sujeto de ser amado, no tiene motivación alguna a corresponder. No solo porque lo desconoce, sino porque a la base de esta 'relación', no existe afecto alguno. Siendo así, dicha experiencia, más de carácter subjetivo que intersubjetivo.

Raíces biológicas del amor
A la base de todo este proceso, no podemos evadir las raíces biológicas, es decir, el proceso que se encuentra a la base de este sentir, así como la justificación de la gradación de la experiencia. En otras palabras, tradicionalmente se ha justificado estéticamente la belleza desde lo biológico, y he aquí la relevancia de la biología en el proceso.

A la base del amor, se encuentra una atracción. Generalmente de carácter físico. Dicha atracción, también se le atribuye un carácter de bello. En consecuencia, lo bello es lo objetado a amar, es decir, se encuentra a la base del proceso, pues es lo que permite establecer una relación de afecto.

Tradicionalmente, lo bello se define desde lo biológico. Características físicas. Pero dichas características se vuelven más bellas o atractivas que otras. En  consecuencia, existe incidencia social de como nosotros asignamos atributos más bellos que otros. Por ejemplo, existe un canon de lo bello en el arte. Los artistas resaltan características que parecen más bellas que otras, sin motivo aparente. Las poses en las esculturas resaltan atributos físicos más pronunciados que otros. No es lo mismo hacer la escultura de un cuerpo entero a la de una cabeza. Esta simple elección tiene implícito las características que el artista desea atribuir en su obra.

En una escultura de cuerpo completo, poco sentido tiene enfatizar partes pequeñas, pues no se verán lo suficiente para ser apreciadas, en cambio, partes grandes como los brazos, espalda, abdomen, piernas, son más sobresalientes que la cara. En consecuencia, hay que resaltar estas partes y marcarlas.

O en la pintura, donde permite una inspección más ardua de la obra. Permite al pintor ser más detallista con las tonalidades. Un cabello negro en un fondo oscuro no resalta. Un personaje pequeño y oscuro no encajaría bien en un fondo claro. Una mujer robusta, pelo rojizo y blanca, hace un contraste perfecto con fondos oscuros y la tonalidad rojiza de su cabello hace que se detecte con mayor facilidad en un fondo claro.

Es así como se constituyen los patrones de belleza. A partir de atributos biológicos que se resaltan en el arte. Pero otro ejemplo, también alude a las características malas o buenas de ciertos atributos. En el medioevo, las mujeres robustas eran hermosas, pues se tenía la creencia que por ser robustas, podrían procrear mejor. Si a esto añadimos las condiciones económicas y nutricionales de la época, podríamos comprender de donde nace esta creencia.

Pero ya cayendo más en lo contemporáneo, el amor es un compendio de procesos neuroquímicos. Donde al visualizar a la persona amada, el cerebro comienza a ordenar la segregación de serotonina. Químico encargado de inhibir los atributos asociados con la depresión. De forma que al estar con esta persona, nos sentimos bien. De tal forma que lo sentido en una relación amorosa, no nace del puro impulso o deseo que sea así, sino de ciertas condiciones biológicas que contextualizan nuestro sentir y actuar respecto a otros.

Normalmente pensamos del amor como un sentimiento bastante abstracto. Incapaz de ser objeto de algo biológico o 'banal'. Pero la verdad, existen condiciones neuronales que se vuelven incidentes en lo que entendemos y definimos por amor.

Connotaciones tradicionales y fundamentales del amor
Como habrán notado, durante el transcurso de esta entrada hemos tocado ciertos puntos que contextualizan nuestro análisis, pero ya entrando en materia, de manera implícita hemos tocado bastantes temáticas que merecen mucha atención para comprender la problemática a confrontar.

No podemos desligar el factor social, subjetivo y estético (referido a lo bello, por ejemplo) de la definición de amor. Mucho menos del proceso que supone constituye el amor. En consecuencia, aunque dichos factores antes mencionados, son los fundamentales en cada contexto, son los necesarios para construir cualquier definición respecto a este. Ya que como veremos más adelantes, aun no nos hemos problematizado o caracterizado la atracción.

Debido a esto, no podemos asumir que el amor es una definición imperecedera en el tiempo. Ha sufrido graves cambios y ha tenido diversas concepciones 'conceptuales' en el transcurso de la historia. Sin embargo, esto no supone que dichas concepciones no se relacionen, pues los elementos son intercambiables entre épocas, es decir, las condiciones necesarias para discursar sobre el amor son las mismas. Lo que tenemos que mantener claro es que esto no supone un corte total de otras épocas, pues nosotros no construimos de la nada. Partimos de construcciones previas.

Tradicionalmente, los individuos establecen su propio canon de lo bello a partir del canon ya establecido por la sociedad, siendo así, lo que se defina por amor, en marcado en una sociedad particular y la forma que este individuo entiende sobre este canon. Por tanto, el proceso no es unilateral. Tiene varias vertientes, pero todas enmarcadas en el mismo contexto. Es así como el proceso que supone el amor, no queda del todo definido, ya no se diga de las gradaciones que en algún momento se establecieron. Pues si en una sociedad está permitido amarte entre hijo y padre (por ejemplo) ¿Cómo se puede entender una gradación de afecto respecto a quienes no establecen esta relación? Queda más legado al sujeto que al propio proceso que supone el culmen del amor.

El propósito de la atracción.
A la base de cualquier relación, se encuentra la atracción. Dicha atracción, no puede ser reducida a elementos meramente biológicos. No solo porque estos quedan cortos para explicar su función respecto al amor, sino porque estos representan factores incidentes y no fundamentales de la experiencia.

La atracción tiene un propósito respecto al amor. Es la parte medular de la definición. Pues lo que precede a cualquier afecto, es la atracción. A las personas no les atrae aquello que desconocen, por ello, debe existir en el sujeto un elemento que incite dicha atracción que luego encamina al afecto que se vuelve la base donde inicia el proceso del culmen amoroso. 

A nivel más propio del sujeto, se encuentra la atracción como fundamento de cualquier relación. Ahora, ¿Que elemento incita el inicio de la atracción? Queda a la discreción del sujeto y fuera del análisis. Pues las variables son inmensurables por la incidencia de distintos factores que son propios de cada sujeto.

La problemática contemporánea: ¿Qué es? ¿Para qué es? Y ¿Dónde está?
En la actualidad nos encontramos con la problemática que toda la tradición respecto a la experiencia que supone el amor, está cuestionada. Lo que deja un enorme vació para las sociedades actuales. Por cuestionada, debemos entender que no existe una tradición a partir de donde crear nuevas definiciones. En consecuencia, el amor se ha vuelto una palabra sin valor.

En nuestro contexto, el amor ya no se encuentra relacionado con una finalidad. Por ejemplo, el matrimonio no es el culmen del amor. El sexo no es exclusivo de relaciones amorosas. Las relaciones son abiertas, no son monógamas.

Todos estos factores, cuestionan lo que tradicionalmente entendíamos por amor. Por ello, ya no hay espacio para fundamentar nuevas definiciones del amor. Y las implicaciones que tienen, no pueden ser juzgadas como buenas o malas. Pues existen diversas aristas donde el análisis podría concluir en su elementos buenos o malos. Nos limitaremos a denotar las consecuencias que esto trae.

Iniciemos con lo más evidente. Ahora es más evidente la  incidencia social. Por ello, ya no asignamos roles denigrantes a las mujeres. Estas ya no son objeto de deseo porque si. Lo son para quienes creen que lo es. Las mujeres también pueden amar y puede existir amor en personas del mismo género. Al menos en las instituciones sociales ya no se puede fundamentar una función (por ejemplo) únicamente procreativa. Mucho menos que estas no son sujeto de discriminación sexual.

El proceso que suponía el amor, ahora ya no es tan cerrado. Permitiendo que personas del mismo sexo se amen. Permite que más de una personas participe en el proceso. Pero sobre todo, ya no se reduce el proceso a un sujeto que ama a otro. Es reciproco. En consecuencia, existe mayor equidad.

Ahora el culmen del proceso 'amoroso' no se reduce a matrimonio, mucho menos en procreación. Tiene tantas vertientes, que las sociedades ya no poseen el monopolio de la asignación de roles.

Entonces ¿Qué ha quedado para el amor?
El amor ahora, no existe. No solo como se entendía tradicionalmente. Sino que su función respecto a otros, ha perdido sentido. Se podría decir que su esencia es tan abierta, que no tiene nombre o identidad propia. Por ello, quien aún se refiere al amor, se encuentra ligado a una tradición antigua que ya no tiene sentido en la actualidad.

Es propio de la naturaleza humana el asociarse, en consecuencia, no es extraño que existan relaciones de pareja, pero su finalidad reside en dos cosas: Objetivos muy particulares, incapaces de ser sujeto de estudio o compañías más personales que hacen más llevadera la experiencia del vivir. 

Ahora lo que predomina, es lo básico. Los instintos básicos.

Están aquellos que buscan la excitación que genera el acto de fornicación. Cosa que se vuelve lo más semejante a la intensidad que suponía, era intrínseca en el amor.

Comentarios y conclusiones personales.
Lo que más me impacta de esto, son las connotaciones éticas que pueda tener. Es decir, posiblemente en el futuro, seremos incapaces de hablar de ética, pues las relaciones con otros las hemos reducido a simples impulsos. Aunque se puede consensuar una ética, esto no supone que el proceso se emancipable a las personas que participaron del dialogo, pues las consecuencias no tienen mayor motivación para ser juzgadas, exceptuado la crítica de quienes establecen que es así.

En este paisaje que hemos descrito, que se vuelve evidente que las relaciones son un sin sentido y se vuelven perecederas. Simples experiencias que no tienen objetivo. De ahí el gran 'boom' de encontrar los fundamentos de relaciones que se vuelvan duraderas. No creo que sea el mejor prospecto para definir las connotaciones que esto tiene en las relaciones de otras personas. Pero al menos,  vale decir que no se puede pretender, sin importar lo que entienda por amor, no analizar la problemática, ya que la confrontación es inevitable. Sobre todo para quienes ya nacimos en esta época, pues hemos asimilado el esquema de manera inconsciente, en ocasiones, y se ha vuelto la nueva forma de vivir con otros.

No creo que se pueda posibilitar la fundamentación de una relación a partir de alguna definición de amor. Al menos no en este momento histórico. Por ello, de entrada, cualquier intento que pueda existir de dar a conocer el motivo que puede existir en alguien de fundamentar su relación, no puede hacerse a nivel teórico. Quizás si en el sentimental y practico. Y aun así, no es garantizable a largo plazo.

viernes, 3 de julio de 2015

El gobierno de los fascistas: La realidad de una sociedad históricamente autoritaria.

Tanto en medios escritos como digitales es usual encontrarse con ponentes que discursan sobre la problemática de la violencia. Muchas de estas opiniones y análisis, tienen varios elementos en común. Entre ellos, la imposición de medidas más estrictas para quienes delinquen, mayores libertades para el accionar de las instituciones represoras de la violencia, pero sobre todo, el 'exterminio' de grupos marginados como los mareros.

Es usual encontrarse con quienes opinan debería existir una figura más fuerte de estado. Esto, a razón de la falta de soluciones por parte del gobierno respecto a la delincuencia. Pareciese que en muchos de estos casos, esbozan con claridad su deseo por un gobierno fascista, en donde se tome las decisiones sin mayores dudas. Como si son estas, las reglas y las normas, las que constituyen el impedimento fundamental que permite la delincuencia. Es en esto último que nos enfocaremos en esta entrada. Una especie de contextualización histórica de la violencia y las tendencias fascistas actuales y futuras.

Sociedades violentas, razonamientos contradictorios.
Es en momentos como este, donde la violencia prolifera (o parece ser que prolifere) en grandes cantidades, cuando las personas exigen de sus autoridades mayor desempeño. Sin embargo, vale recordar que en muchos casos, el gobierno puede ser poco o nada para solventar el problema, pues la delincuencia es un problema de orden social que no se puede solucionar de la noche a la mañana con una simple ley o un conjunto de programas sociales con la intención de mermar el acontecimiento delictivo. Hace falta ver, en este caso, que las motivaciones para quienes delinquen, son varias y no provienen de los mismos contextos, es decir, es una masa bastante deforme de personas que se conglomeran por motivos particulares y aunque sus motivos parezcan los mismos (sino el único), no significa que esto sea cierto o que la generalización tenga elementos validos que permitan comprender el acontecimiento.

Más parece en estos casos, un conjunto de razonamientos sin sentido, en donde radica más lo presente, que lo futuro y lo pasado, es decir, son opiniones sin un fundamento teórico. Y no es que por ser así, se deben de ver menores, o poco incidentes, sino que estos constituyen en otro factor influyente en el conglomerado de problemas. Pues son en estos casos, que vemos los factores que no son tan fáciles de ser perceptibles a simple vista. 

Acá nos queremos referir a la percepción particular que la gente toma, donde piensa que la situación ha llegado a un punto de una verdadera guerra social, donde simplemente ellos son un enemigo a erradicar, así como para ellos, nosotros somos otro enemigo a erradicar. Esta situación anteriormente descrita, carece de sentido, pues ellos no representan una fuerza amorfa incapaz de comprender razonamientos. Son tan personas como nosotros y con igual razón de tener exigencias, aunque vale aclarar, que también sus exigencias obedecen intereses fuera de los comunes o los usuales, siendo así, un conflicto de intereses muy discrepantes que abordan cosas más allá de la percepción particularista de la delincuencia.

Como conflicto de intereses, la vía por excelencia para solventar dicho conflicto, es la política. Cosa que resulta la peor solución para la gente. No solo porque su concepción de política constituye una práctica fallida, sino porque suponen, no es inmediata o la apropiada para la situación, cuando en realidad, es la única que es certera. No solo porque reconoce el problema, sino porque constituye posibilidades que no involucran la supresión de derechos de ninguna de las partes y busca profundizar en lo que realmente radica el problema.

La violencia como única herramienta política.
La violencia se ha constituido como una opción 'viable' para abordar el tema, cuando en realidad, supone que el problema ya se ha resuelto, es decir, supone que hemos perdido tanto que la única opción disponible y capaz, es el uso de la violencia. Es acá donde vemos otro de los factores incidentes y determinantes del conflicto, pues la violencia es el lenguaje actual y la única forma de política. Esto se refleja día a día, y esto a su vez refleja la historia y tradición en la que estamos acentuados, donde solo con violencia hemos logrado llegar a resoluciones lo suficientemente duraderas como para solventar esta problemática. Iniciando desde el levantamiento campesino y la consecuente reacción del gobierno de Martínez.

Y si comenzamos a ver más atrás, somos un pueblo oprimido, al inicio, por los señoríos de los pueblos originarios, luego por la conquista española y a pesar que llegamos a ser independientes de ellos, la independencia era única para un grupo selecto (y élite) de personas, pues pretendían defender una cantidad de tierra que cubría exclusivamente sus terrenos y otros que estaban interesados por adquirir. Nuestra historia, la de El Salvador, se ha constituido a partir de la violencia.

Así es como podemos ver que nuestro 'ethos' radica en la violencia como herramienta de emancipación histórica, sin embargo, en ningún momento hemos extraído de esta verdaderos resultados. No solo porque quienes la dirigen, en muchas ocasiones, no cuentan con la correcta base teórica para generar un progreso de su situación precaria y porque conciben la política como exclusiva de quienes ejercen el poder como forma de dominio.

Esta es la forma de ver política y de hacerla. Sin irnos muy lejos, los acuerdos de paz se hicieron a costa de la perdida de muchas vidas. Tanto de un bando como otro. Aun así, de estos acuerdos no hemos extraído mayor progreso, pues nos encontramos en una situación que parece reflejar las mismas condiciones a priori de la insurgencia civil.

Si realmente pretendemos establecer las bases para un análisis de la situación actual, hace falta hacer un análisis diacrónico de la realidad política salvadoreña, pues solo así podemos ver las connotaciones violentas de nuestro pensamiento y las incidencias que se encuentran presentes en las personas actualmente.

Los derechos humanos como impedimento político
Como ya hemos demostrado anteriormente, la política se concibe como el empleo de la violencia como medio de solventar un conflicto, en consecuencia, el principal impedimento, son los derechos humanos.

Es acá donde debemos detenernos de nuevo a analizar las implicaciones de esta argumentación. Quiere decir que esta se concibe como impedimento por dos razones: Una porque son 'leyes' o 'convenios' que no llevan a la resolución de problemas, por pertenecer a otro tipo de lógica política. Segundo, porque a quienes pretendemos ejercer esta violencia, se les considera 'humanos' y de nuevo, las connotaciones de esto reflejan una idea muy arcaica y dañina. Porque quiere decir que ellos no son humanos, ni si quiera se 'acercan' a esa categorización, mucho menos de otra cosa. En consecuencia, quienes están a favor de los derechos humanos, se han vuelto defensores de los delincuentes, porque ven en ellos 'algo' que los hace acreedores de derechos y les otorga 'inmunidad'.

La lógica de la política de violencia no solo es deshumanizante, sino que imposibilita las condiciones de un análisis más profundo y real. Se vuelve la tergiversación del mundo. Donde se reduce a cosas que están posibilitadas a hacer y aquellas que no y nosotros como ciudadanos, estamos imposibilitados, por tanto, el gobierno debe de ser fuerte para posibilitarnos accionar político y social.

Esto se ha vuelto una lucha de 'cosas'. No existen humanos. Peor aún, se les atribuye a los defensores de los derechos humanos como 'defensores' de los delincuentes, cuando la verdad, en ningún momento se ha enunciado ello, mucho menos algún tipo de inmunidad. Lo que se pide es igualdad de condiciones materiales y sociales para las personas, de manera que estas se encuentren al mismo nivel a la hora de ser juzgadas.

El estado de quienes pueden y no pueden.
Si algo han demostrado las pandillas, es que tienen capacidad para generar miedo, es decir, han generado una cantidad de muertos que esta por superar las cifras de la guerra y aun suponiendo que dichas cifran no sean las reales, y que los medios o el gobierno nos mientan, no podemos decir que estas no poseen el poder necesario para que se esconda o se exagere dicha cantidad.

Es debido a esto que las personas ven la necesidad y obligación de tener un gobierno que sea capaz de asemejarles, pero el problema reside que el gobierno también se encuentra interesado por realizar dichas acciones, pero se encuentra imposibilitado, pues no sabe por qué optar, ya que se encuentran con el dilema de quedarse como quienes pudieron solventar el problema a costa de la muerte de cientos o como quienes no pudieron hacer nada al respecto y por ello, pierden relevancia política, cosa que para las cúpulas políticas (FMLN, particularmente) no se encuentran interesados en apostar, pues supone la falta del poder administrativo.

Y esto que aún no hacemos cuenta de los grupos paramilitares que dicen estar posibilitados para eliminar pandilleros y que pudiesen tornarse en otro jugador relevante en la estrategia política nacional, ya que se encontrarían avalados por la opinión pública, aunque no me atrevo a decir que tantas personas realmente legitimarían dichas acciones, pues el análisis no pretende girar en torno a esa figura y mucho menos se encuentra sustentado con los elementos necesarios para hacer esa especulación,

Un gobierno Fascista, un gobierno que solvente todo.
Las características fascistas se encuentran presentes en el debate público sobre la inseguridad, cuyas raíces históricas, aún se encuentran incidentes en nuestra sociedad. El fascismo en Europa se desarrolló con las mismas condiciones que encontramos en El Salvador. Sociedades devastadas por la guerra, estados incapaces de solventar los problemas sociales y ciudadanos añorando soluciones a costa de lo que sea.

Como sociedad, hemos avanzado mucho, tanto así, que somos de los pocos países que han mantenido sus acuerdos de paz luego de un conflicto armado y aunque el autor de esta entrada guarda sus reservas sobre este logro, vale decir que es algo que demuestra la posibilidad de solventar las problemáticas sociales fuera del ámbito violento.

El país requiere una nueva forma de hablar sobre política y debe alejarse de las raíces violentas y fascistas que se encuentran presentes en nuestra sociedad, pues creemos que el problema se reduce a un sector particular de la población que nos ha imposibilitado de desarrollarnos, en pocas palabras, somos una Alemania esperando por un Hitler que elimine a nuestros judíos. Lo peor de todo, es que hay varios candidatos y somos nosotros quienes estamos alentando ese tipo de actitudes, sin pensar las consecuencias de nuestros actos a futuro. Pues no hablamos de una generación futura, estamos hablando de nuestro presente como pueblo, que aun funciona bajo los esquemas de antaño y donde el debate público se reduce a simples formas de enunciación que no presentan mayor rigor lógico, político, social, ético y moral.

Quien termina perdiendo, jamás va a ser el que se encuentra por arriba de los comunes, pues tiene los medios adecuados para cambiarse de domicilio o país. Somos nosotros, los pobres, marginados e imposibilitados los que se vuelven los acreedores de una deuda en cuerpos. Y somos quienes pueden decidir cómo pagar dicha deuda. No podemos rechazar la deuda y mucho menos pretender que se pagara con más muertes. Nos hemos deshumanizado tanto como sociedad que hemos reducido los muertos a cifras, las cifras a secretos y los secretos, a negocios.


Nosotros podemos hacer un  verdadero cambio desde el momento que optamos por incursionar en el debate público y la libre expresión. Somos quienes se encuentran posibilitados de emancipar un cambio que se encuentre fuera de los esquemas tradicionales de política. Si nos tomásemos un momento para la reflexión, el país sería muy distinto para todos.