Es
inadmisible que el amor es un sentimiento con un sin de epítetos y
características atribuibles a este. Sin embargo, es en nuestra época, donde
podemos apreciar realmente la significación de este. No solo por las
connotaciones biológicas que se pueden rastrear, sino de los valores que supone
representaban a este en el pasado y se encuentran ausentes ahora ¿Que valores
eran estos? y ¿Que tan relevantes son para la constitución de una definición
del amor? pero, lo mejor aún, ¿En dónde están estos valores? ¿Qué fue de ellos?
Estas son las interrogantes que contextualizan la problemática a tratar.
Advertencias o aclaraciones.
No podemos negar que nuestro análisis, inicia con un tropiezo, o
más bien, una advertencia. No podemos desligar al amor del contexto histórico,
político, académico, económico, social, etc. En consecuencia, no entraremos en
mayor detalle de las características que se vuelven incidentes en otras épocas,
pero si revisaremos a grandes rasgos las incidencias que se encuentran
presentes en nuestro contexto. Por ello, aunque si aludiremos a ciertas épocas
y ciertas connotaciones que se le otorgo al amor, no por ello pretendemos que
sea la única o la verdadera, sino, las que sirven para contextualizar nuestro
análisis y nuestra situación.
Raíces fundamentales
Tradicionalmente, el amor se ha establecido como un sentimiento
que se comparte, es decir, que es capaz de ser establecido por más de una
persona, siendo dos personas, la manera tradicional de imaginarse dicho
sentimiento. Lo que ira variando en el tiempo, son las condiciones que
permiten a dicho sentimiento ser, ósea, existen requerimientos necesarios para
poder entender dicho amor y diversos contextos que lo definen en diferentes
cosas. Es acá donde comenzamos a ver que si bien, dicho sentimiento se
'sobreentiende' es entre dos personas, nunca se puede dar por sentado que sea
así.
Vale decir que otro de los fundamentos de dicho sentimiento,
radica en que ambos sujetos de la experiencia, pertenecen al sexo opuesto. La
incidencia de esto radica en los roles que cada uno toma en dicha experiencia y
en consecuencia, supone diferentes formas de aceptar y ver el sentimiento.
Por ejemplo, durante la época clásica griega, era socialmente
aceptable para hombres declararse este sentimiento. Es más, se pensaba que solo
podía existir amor entre hombres. Nunca entre un hombre y una mujer. La mujer,
únicamente era un recipiente. Un medio. Donde se perpetuaba la especie, es
decir, no existía mayor rol que ser progenitora de la estirpe.
Cuando hablamos del amor, no podemos evadir la siguiente
problemática: existen gradaciones del sentimiento, es decir, el amor, como tal,
no existe sino es a través de un proceso donde se consuma y se vuelve amor, en
otras palabras, a la base de todo, se encuentra una relación de afecto. El amor
vendría ser el grado máximo de este y la sociedad regula que grados pertenecen a
que roles. De tal forma que dicho sentimiento se puede usar de diversas formas
con distintas personas.
En el medioevo, se tenía la concepción del Amor Cortés. Dicho amor, supone un
proceso donde el amante busca a su amada. Esta o este, se encuentra alejado por
'x' o 'y' motivo, por ello, busca un medio al cual hacer saber de su
sentimiento.
Es acá donde podemos ver las incidencias más fundamentales del
'proceso' que supone el amor. La suposición más clásica de dicho proceso,
establece una incapacidad entre ambos y es el deber de uno de los sujetos, dar
a conocer su sentir. Implícito esta, que existe una dificultad en quien muestra
su afecto a diferencia de quien 'es' amado. Pues no sabe si la persona objeto
de ser amado,
El desenvolvimiento del proceso, supone un riesgo a no ser
correspondido, pues el sujeto de ser amado, no tiene motivación alguna a
corresponder. No solo porque lo desconoce, sino porque a la base de esta
'relación', no existe afecto alguno. Siendo así, dicha experiencia, más de
carácter subjetivo que intersubjetivo.
Raíces biológicas del amor
A la base de todo este proceso, no podemos evadir las raíces
biológicas, es decir, el proceso que se encuentra a la base de este sentir, así
como la justificación de la gradación de la experiencia. En otras palabras,
tradicionalmente se ha justificado estéticamente la belleza desde lo biológico,
y he aquí la relevancia de la biología en el proceso.
A la base del amor, se encuentra una atracción. Generalmente de
carácter físico. Dicha atracción, también se le atribuye un carácter de bello.
En consecuencia, lo bello es lo objetado a amar, es decir, se encuentra a la
base del proceso, pues es lo que permite establecer una relación de afecto.
Tradicionalmente, lo bello se define desde lo biológico.
Características físicas. Pero dichas características se vuelven más bellas o
atractivas que otras. En consecuencia, existe incidencia social de como
nosotros asignamos atributos más bellos que otros. Por ejemplo, existe un canon
de lo bello en el arte. Los artistas resaltan características que parecen más
bellas que otras, sin motivo aparente. Las poses en las esculturas resaltan
atributos físicos más pronunciados que otros. No es lo mismo hacer la escultura
de un cuerpo entero a la de una cabeza. Esta simple elección tiene implícito
las características que el artista desea atribuir en su obra.
En una escultura de cuerpo completo, poco sentido tiene enfatizar
partes pequeñas, pues no se verán lo suficiente para ser apreciadas, en cambio,
partes grandes como los brazos, espalda, abdomen, piernas, son más
sobresalientes que la cara. En consecuencia, hay que resaltar estas partes y
marcarlas.
O en la pintura, donde permite una inspección más ardua de la
obra. Permite al pintor ser más detallista con las tonalidades. Un cabello
negro en un fondo oscuro no resalta. Un personaje pequeño y oscuro no encajaría
bien en un fondo claro. Una mujer robusta, pelo rojizo y blanca, hace un
contraste perfecto con fondos oscuros y la tonalidad rojiza de su cabello hace
que se detecte con mayor facilidad en un fondo claro.
Es así como se constituyen los patrones de belleza. A partir de
atributos biológicos que se resaltan en el arte. Pero otro ejemplo, también
alude a las características malas o buenas de ciertos atributos. En el
medioevo, las mujeres robustas eran hermosas, pues se tenía la creencia que por
ser robustas, podrían procrear mejor. Si a esto añadimos las condiciones
económicas y nutricionales de la época, podríamos comprender de donde nace esta
creencia.
Pero ya cayendo más en lo contemporáneo, el amor es un compendio
de procesos neuroquímicos. Donde al visualizar a la persona amada, el cerebro
comienza a ordenar la segregación de serotonina. Químico encargado de
inhibir los atributos asociados con la depresión. De forma que al estar con
esta persona, nos sentimos bien. De tal forma que lo sentido en una relación
amorosa, no nace del puro impulso o deseo que sea así, sino de ciertas
condiciones biológicas que contextualizan nuestro sentir y actuar respecto a
otros.
Normalmente pensamos del amor como un sentimiento bastante
abstracto. Incapaz de ser objeto de algo biológico o 'banal'. Pero la verdad,
existen condiciones neuronales que se vuelven incidentes en lo que entendemos y
definimos por amor.
Connotaciones tradicionales y fundamentales del amor
Como habrán notado, durante el transcurso de esta entrada hemos
tocado ciertos puntos que contextualizan nuestro análisis, pero ya entrando en
materia, de manera implícita hemos tocado bastantes temáticas que merecen mucha
atención para comprender la problemática a confrontar.
No podemos desligar el factor social, subjetivo y estético
(referido a lo bello, por ejemplo) de la definición de amor. Mucho menos del
proceso que supone constituye el amor. En consecuencia, aunque dichos factores
antes mencionados, son los fundamentales en cada contexto, son los necesarios
para construir cualquier definición respecto a este. Ya que como veremos más
adelantes, aun no nos hemos problematizado o caracterizado la atracción.
Debido a esto, no podemos asumir que el amor es una definición
imperecedera en el tiempo. Ha sufrido graves cambios y ha tenido diversas concepciones
'conceptuales' en el transcurso de la historia. Sin embargo, esto no supone que
dichas concepciones no se relacionen, pues los elementos son intercambiables
entre épocas, es decir, las condiciones necesarias para discursar sobre el amor
son las mismas. Lo que tenemos que mantener claro es que esto no supone un
corte total de otras épocas, pues nosotros no construimos de la nada. Partimos
de construcciones previas.
Tradicionalmente, los individuos establecen su propio canon de lo
bello a partir del canon ya establecido por la sociedad, siendo así, lo que se
defina por amor, en marcado en una sociedad particular y la forma que este
individuo entiende sobre este canon. Por tanto, el proceso no es unilateral.
Tiene varias vertientes, pero todas enmarcadas en el mismo contexto. Es así
como el proceso que supone el amor, no queda del todo definido, ya no se diga
de las gradaciones que en algún momento se establecieron. Pues si en una
sociedad está permitido amarte entre hijo y padre (por ejemplo) ¿Cómo se puede
entender una gradación de afecto respecto a quienes no establecen esta
relación? Queda más legado al sujeto que al propio proceso que supone el culmen
del amor.
El propósito de la atracción.
A la base de cualquier relación, se encuentra la atracción. Dicha
atracción, no puede ser reducida a elementos meramente biológicos. No solo
porque estos quedan cortos para explicar su función respecto al amor, sino
porque estos representan factores incidentes y no fundamentales de la
experiencia.
La atracción tiene un propósito respecto al amor. Es la parte
medular de la definición. Pues lo que precede a cualquier afecto, es la
atracción. A las personas no les atrae aquello que desconocen, por ello, debe
existir en el sujeto un elemento que incite dicha atracción que luego encamina
al afecto que se vuelve la base donde inicia el proceso del culmen
amoroso.
A nivel más propio del sujeto, se encuentra la atracción como
fundamento de cualquier relación. Ahora, ¿Que elemento incita el inicio de la
atracción? Queda a la discreción del sujeto y fuera del análisis. Pues las
variables son inmensurables por la incidencia de distintos factores que son
propios de cada sujeto.
La problemática contemporánea: ¿Qué es? ¿Para qué es? Y ¿Dónde está?
En la actualidad nos encontramos con la problemática que toda la
tradición respecto a la experiencia que supone el amor, está cuestionada. Lo
que deja un enorme vació para las sociedades actuales. Por cuestionada, debemos
entender que no existe una tradición a partir de donde crear nuevas
definiciones. En consecuencia, el amor se ha vuelto una palabra sin valor.
En nuestro contexto, el amor ya no se encuentra relacionado con
una finalidad. Por ejemplo, el matrimonio no es el culmen del amor. El sexo no
es exclusivo de relaciones amorosas. Las relaciones son abiertas, no son
monógamas.
Todos estos factores, cuestionan lo que tradicionalmente
entendíamos por amor. Por ello, ya no hay espacio para fundamentar nuevas
definiciones del amor. Y las implicaciones que tienen, no pueden ser juzgadas
como buenas o malas. Pues existen diversas aristas donde el análisis podría
concluir en su elementos buenos o malos. Nos limitaremos a denotar las
consecuencias que esto trae.
Iniciemos con lo más evidente. Ahora es más evidente la
incidencia social. Por ello, ya no asignamos roles denigrantes a las
mujeres. Estas ya no son objeto de deseo porque si. Lo son para quienes creen
que lo es. Las mujeres también pueden amar y puede existir amor en personas del
mismo género. Al menos en las instituciones sociales ya no se puede fundamentar
una función (por ejemplo) únicamente procreativa. Mucho menos que estas no son
sujeto de discriminación sexual.
El proceso que suponía el amor, ahora ya no es tan cerrado.
Permitiendo que personas del mismo sexo se amen. Permite que más de una
personas participe en el proceso. Pero sobre todo, ya no se reduce el proceso a
un sujeto que ama a otro. Es reciproco. En consecuencia, existe mayor equidad.
Ahora el culmen del proceso 'amoroso' no se reduce a matrimonio,
mucho menos en procreación. Tiene tantas vertientes, que las sociedades ya no
poseen el monopolio de la asignación de roles.
Entonces ¿Qué ha quedado para el amor?
El amor ahora, no existe. No solo como se entendía tradicionalmente.
Sino que su función respecto a otros, ha perdido sentido. Se podría decir que
su esencia es tan abierta, que no tiene nombre o identidad propia. Por ello,
quien aún se refiere al amor, se encuentra ligado a una tradición antigua que
ya no tiene sentido en la actualidad.
Es propio de la naturaleza humana el asociarse, en consecuencia,
no es extraño que existan relaciones de pareja, pero su finalidad reside en dos
cosas: Objetivos muy particulares, incapaces de ser sujeto de estudio o
compañías más personales que hacen más llevadera la experiencia del
vivir.
Ahora lo que predomina, es lo básico. Los instintos básicos.
Están aquellos que buscan la excitación que genera el acto de
fornicación. Cosa que se vuelve lo más semejante a la intensidad que suponía,
era intrínseca en el amor.
Comentarios y conclusiones personales.
Lo que más me impacta de esto, son las connotaciones éticas que
pueda tener. Es decir, posiblemente en el futuro, seremos incapaces de hablar
de ética, pues las relaciones con otros las hemos reducido a simples impulsos.
Aunque se puede consensuar una ética, esto no supone que el proceso se
emancipable a las personas que participaron del dialogo, pues las consecuencias
no tienen mayor motivación para ser juzgadas, exceptuado la crítica de quienes
establecen que es así.
En este paisaje que hemos descrito, que se vuelve evidente que las
relaciones son un sin sentido y se vuelven perecederas. Simples experiencias
que no tienen objetivo. De ahí el gran 'boom' de encontrar los fundamentos de
relaciones que se vuelvan duraderas. No creo que sea el mejor prospecto para
definir las connotaciones que esto tiene en las relaciones de otras personas.
Pero al menos, vale decir que no se puede pretender, sin importar lo que
entienda por amor, no analizar la problemática, ya que la confrontación es
inevitable. Sobre todo para quienes ya nacimos en esta época, pues hemos
asimilado el esquema de manera inconsciente, en ocasiones, y se ha vuelto la
nueva forma de vivir con otros.
No creo que se pueda posibilitar la fundamentación de una relación
a partir de alguna definición de amor. Al menos no en este momento histórico.
Por ello, de entrada, cualquier intento que pueda existir de dar a conocer el
motivo que puede existir en alguien de fundamentar su relación, no puede
hacerse a nivel teórico. Quizás si en el sentimental y practico. Y aun así, no
es garantizable a largo plazo.