Tanto en medios escritos como digitales es usual encontrarse
con ponentes que discursan sobre la problemática de la violencia. Muchas de
estas opiniones y análisis, tienen varios elementos en común. Entre ellos, la
imposición de medidas más estrictas para quienes delinquen, mayores libertades
para el accionar de las instituciones represoras de la violencia, pero sobre
todo, el 'exterminio' de grupos marginados como los mareros.
Es usual encontrarse con quienes opinan debería existir una
figura más fuerte de estado. Esto, a razón de la falta de soluciones por parte
del gobierno respecto a la delincuencia. Pareciese que en muchos de estos
casos, esbozan con claridad su deseo por un gobierno fascista, en donde se tome
las decisiones sin mayores dudas. Como si son estas, las reglas y las normas,
las que constituyen el impedimento fundamental que permite la delincuencia. Es
en esto último que nos enfocaremos en esta entrada. Una especie de contextualización
histórica de la violencia y las tendencias fascistas actuales y futuras.
Sociedades violentas, razonamientos contradictorios.
Es en momentos como este, donde la violencia prolifera (o
parece ser que prolifere) en grandes cantidades, cuando las personas exigen de
sus autoridades mayor desempeño. Sin embargo, vale recordar que en muchos
casos, el gobierno puede ser poco o nada para solventar el problema, pues la
delincuencia es un problema de orden social que no se puede solucionar de la
noche a la mañana con una simple ley o un conjunto de programas sociales con la
intención de mermar el acontecimiento delictivo. Hace falta ver, en este caso,
que las motivaciones para quienes delinquen, son varias y no provienen de los
mismos contextos, es decir, es una masa bastante deforme de personas que se
conglomeran por motivos particulares y aunque sus motivos parezcan los mismos
(sino el único), no significa que esto sea cierto o que la generalización tenga
elementos validos que permitan comprender el acontecimiento.
Más parece en estos casos, un conjunto de razonamientos sin
sentido, en donde radica más lo presente, que lo futuro y lo pasado, es decir,
son opiniones sin un fundamento teórico. Y no es que por ser así, se deben de
ver menores, o poco incidentes, sino que estos constituyen en otro factor
influyente en el conglomerado de problemas. Pues son en estos casos, que vemos
los factores que no son tan fáciles de ser perceptibles a simple vista.
Acá nos
queremos referir a la percepción particular que la gente toma, donde piensa que
la situación ha llegado a un punto de una verdadera guerra social, donde
simplemente ellos son un enemigo a erradicar, así como para ellos, nosotros
somos otro enemigo a erradicar. Esta situación anteriormente descrita, carece
de sentido, pues ellos no representan una fuerza amorfa incapaz de comprender
razonamientos. Son tan personas como nosotros y con igual razón de tener
exigencias, aunque vale aclarar, que también sus exigencias obedecen intereses
fuera de los comunes o los usuales, siendo así, un conflicto de intereses muy
discrepantes que abordan cosas más allá de la percepción particularista de la
delincuencia.
Como conflicto de intereses, la vía por excelencia para
solventar dicho conflicto, es la política. Cosa que resulta la peor solución
para la gente. No solo porque su concepción de política constituye una práctica
fallida, sino porque suponen, no es inmediata o la apropiada para la situación,
cuando en realidad, es la única que es certera. No solo porque reconoce el
problema, sino porque constituye posibilidades que no involucran la supresión
de derechos de ninguna de las partes y busca profundizar en lo que realmente
radica el problema.
La violencia como única herramienta política.
La violencia se ha constituido como una opción 'viable' para
abordar el tema, cuando en realidad, supone que el problema ya se ha resuelto,
es decir, supone que hemos perdido tanto que la única opción disponible y
capaz, es el uso de la violencia. Es acá donde vemos otro de los factores
incidentes y determinantes del conflicto, pues la violencia es el lenguaje
actual y la única forma de política. Esto se refleja día a día, y esto a su vez
refleja la historia y tradición en la que estamos acentuados, donde solo con
violencia hemos logrado llegar a resoluciones lo suficientemente duraderas como
para solventar esta problemática. Iniciando desde el levantamiento campesino y
la consecuente reacción del gobierno de Martínez.
Y si comenzamos a ver más atrás, somos un pueblo oprimido,
al inicio, por los señoríos de los pueblos originarios, luego por la conquista
española y a pesar que llegamos a ser independientes de ellos, la independencia
era única para un grupo selecto (y élite) de personas, pues pretendían defender
una cantidad de tierra que cubría exclusivamente sus terrenos y otros que
estaban interesados por adquirir. Nuestra historia, la de El Salvador, se ha
constituido a partir de la violencia.
Así es como podemos ver que nuestro 'ethos' radica en la
violencia como herramienta de emancipación histórica, sin embargo, en ningún
momento hemos extraído de esta verdaderos resultados. No solo porque quienes la
dirigen, en muchas ocasiones, no cuentan con la correcta base teórica para
generar un progreso de su situación precaria y porque conciben la política como
exclusiva de quienes ejercen el poder como forma de dominio.
Esta es la forma de ver política y de hacerla. Sin irnos muy
lejos, los acuerdos de paz se hicieron a costa de la perdida de muchas vidas.
Tanto de un bando como otro. Aun así, de estos acuerdos no hemos extraído mayor
progreso, pues nos encontramos en una situación que parece reflejar las mismas
condiciones a priori de la insurgencia civil.
Si realmente pretendemos establecer las bases para un
análisis de la situación actual, hace falta hacer un análisis diacrónico de la
realidad política salvadoreña, pues solo así podemos ver las connotaciones
violentas de nuestro pensamiento y las incidencias que se encuentran presentes
en las personas actualmente.
Los derechos humanos como impedimento político
Como ya hemos demostrado anteriormente, la política se
concibe como el empleo de la violencia como medio de solventar un conflicto, en
consecuencia, el principal impedimento, son los derechos humanos.
Es acá donde debemos detenernos de nuevo a analizar las
implicaciones de esta argumentación. Quiere decir que esta se concibe como
impedimento por dos razones: Una porque son 'leyes' o 'convenios' que no llevan
a la resolución de problemas, por pertenecer a otro tipo de lógica política.
Segundo, porque a quienes pretendemos ejercer esta violencia, se les considera
'humanos' y de nuevo, las connotaciones de esto reflejan una idea muy arcaica y
dañina. Porque quiere decir que ellos no son humanos, ni si quiera se 'acercan'
a esa categorización, mucho menos de otra cosa. En consecuencia, quienes están
a favor de los derechos humanos, se han vuelto defensores de los delincuentes,
porque ven en ellos 'algo' que los hace acreedores de derechos y les otorga
'inmunidad'.
La lógica de la política de violencia no solo es
deshumanizante, sino que imposibilita las condiciones de un análisis más profundo
y real. Se vuelve la tergiversación del mundo. Donde se reduce a cosas que
están posibilitadas a hacer y aquellas que no y nosotros como ciudadanos,
estamos imposibilitados, por tanto, el gobierno debe de ser fuerte para
posibilitarnos accionar político y social.
Esto se ha vuelto una lucha de 'cosas'. No existen humanos.
Peor aún, se les atribuye a los defensores de los derechos humanos como
'defensores' de los delincuentes, cuando la verdad, en ningún momento se ha
enunciado ello, mucho menos algún tipo de inmunidad. Lo que se pide es igualdad
de condiciones materiales y sociales para las personas, de manera que estas se
encuentren al mismo nivel a la hora de ser juzgadas.
El estado de quienes pueden y no pueden.
Si algo han demostrado las pandillas, es que tienen
capacidad para generar miedo, es decir, han generado una cantidad de muertos
que esta por superar las cifras de la guerra y aun suponiendo que dichas cifran
no sean las reales, y que los medios o el gobierno nos mientan, no podemos
decir que estas no poseen el poder necesario para que se esconda o se exagere
dicha cantidad.
Es debido a esto que las personas ven la necesidad y
obligación de tener un gobierno que sea capaz de asemejarles, pero el problema
reside que el gobierno también se encuentra interesado por realizar dichas
acciones, pero se encuentra imposibilitado, pues no sabe por qué optar, ya que
se encuentran con el dilema de quedarse como quienes pudieron solventar el
problema a costa de la muerte de cientos o como quienes no pudieron hacer nada
al respecto y por ello, pierden relevancia política, cosa que para las cúpulas
políticas (FMLN, particularmente) no se encuentran interesados en apostar, pues
supone la falta del poder administrativo.
Y esto que aún no hacemos cuenta de los grupos paramilitares
que dicen estar posibilitados para eliminar pandilleros y que pudiesen tornarse
en otro jugador relevante en la estrategia política nacional, ya que se
encontrarían avalados por la opinión pública, aunque no me atrevo a decir que
tantas personas realmente legitimarían dichas acciones, pues el análisis no
pretende girar en torno a esa figura y mucho menos se encuentra sustentado con
los elementos necesarios para hacer esa especulación,
Un gobierno Fascista, un gobierno que solvente todo.
Las características fascistas se encuentran presentes en el
debate público sobre la inseguridad, cuyas raíces históricas, aún se encuentran
incidentes en nuestra sociedad. El fascismo en Europa se desarrolló con las
mismas condiciones que encontramos en El Salvador. Sociedades devastadas por la
guerra, estados incapaces de solventar los problemas sociales y ciudadanos añorando
soluciones a costa de lo que sea.
Como sociedad, hemos avanzado mucho, tanto así, que somos de
los pocos países que han mantenido sus acuerdos de paz luego de un conflicto
armado y aunque el autor de esta entrada guarda sus reservas sobre este logro,
vale decir que es algo que demuestra la posibilidad de solventar las
problemáticas sociales fuera del ámbito violento.
El país requiere una nueva forma de hablar sobre política y
debe alejarse de las raíces violentas y fascistas que se encuentran presentes
en nuestra sociedad, pues creemos que el problema se reduce a un sector
particular de la población que nos ha imposibilitado de desarrollarnos, en
pocas palabras, somos una Alemania esperando por un Hitler que elimine a
nuestros judíos. Lo peor de todo, es que hay varios candidatos y somos nosotros
quienes estamos alentando ese tipo de actitudes, sin pensar las consecuencias
de nuestros actos a futuro. Pues no hablamos de una generación futura, estamos
hablando de nuestro presente como pueblo, que aun funciona bajo los esquemas de
antaño y donde el debate público se reduce a simples formas de enunciación que
no presentan mayor rigor lógico, político, social, ético y moral.
Quien termina perdiendo, jamás va a ser el que se encuentra
por arriba de los comunes, pues tiene los medios adecuados para cambiarse de
domicilio o país. Somos nosotros, los pobres, marginados e imposibilitados los
que se vuelven los acreedores de una deuda en cuerpos. Y somos quienes pueden
decidir cómo pagar dicha deuda. No podemos rechazar la deuda y mucho menos
pretender que se pagara con más muertes. Nos hemos deshumanizado tanto como
sociedad que hemos reducido los muertos a cifras, las cifras a secretos y los
secretos, a negocios.
Nosotros podemos hacer un
verdadero cambio desde el momento que optamos por incursionar en el
debate público y la libre expresión. Somos quienes se encuentran posibilitados
de emancipar un cambio que se encuentre fuera de los esquemas tradicionales de
política. Si nos tomásemos un momento para la reflexión, el país sería muy
distinto para todos.
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