viernes, 3 de julio de 2015

El gobierno de los fascistas: La realidad de una sociedad históricamente autoritaria.

Tanto en medios escritos como digitales es usual encontrarse con ponentes que discursan sobre la problemática de la violencia. Muchas de estas opiniones y análisis, tienen varios elementos en común. Entre ellos, la imposición de medidas más estrictas para quienes delinquen, mayores libertades para el accionar de las instituciones represoras de la violencia, pero sobre todo, el 'exterminio' de grupos marginados como los mareros.

Es usual encontrarse con quienes opinan debería existir una figura más fuerte de estado. Esto, a razón de la falta de soluciones por parte del gobierno respecto a la delincuencia. Pareciese que en muchos de estos casos, esbozan con claridad su deseo por un gobierno fascista, en donde se tome las decisiones sin mayores dudas. Como si son estas, las reglas y las normas, las que constituyen el impedimento fundamental que permite la delincuencia. Es en esto último que nos enfocaremos en esta entrada. Una especie de contextualización histórica de la violencia y las tendencias fascistas actuales y futuras.

Sociedades violentas, razonamientos contradictorios.
Es en momentos como este, donde la violencia prolifera (o parece ser que prolifere) en grandes cantidades, cuando las personas exigen de sus autoridades mayor desempeño. Sin embargo, vale recordar que en muchos casos, el gobierno puede ser poco o nada para solventar el problema, pues la delincuencia es un problema de orden social que no se puede solucionar de la noche a la mañana con una simple ley o un conjunto de programas sociales con la intención de mermar el acontecimiento delictivo. Hace falta ver, en este caso, que las motivaciones para quienes delinquen, son varias y no provienen de los mismos contextos, es decir, es una masa bastante deforme de personas que se conglomeran por motivos particulares y aunque sus motivos parezcan los mismos (sino el único), no significa que esto sea cierto o que la generalización tenga elementos validos que permitan comprender el acontecimiento.

Más parece en estos casos, un conjunto de razonamientos sin sentido, en donde radica más lo presente, que lo futuro y lo pasado, es decir, son opiniones sin un fundamento teórico. Y no es que por ser así, se deben de ver menores, o poco incidentes, sino que estos constituyen en otro factor influyente en el conglomerado de problemas. Pues son en estos casos, que vemos los factores que no son tan fáciles de ser perceptibles a simple vista. 

Acá nos queremos referir a la percepción particular que la gente toma, donde piensa que la situación ha llegado a un punto de una verdadera guerra social, donde simplemente ellos son un enemigo a erradicar, así como para ellos, nosotros somos otro enemigo a erradicar. Esta situación anteriormente descrita, carece de sentido, pues ellos no representan una fuerza amorfa incapaz de comprender razonamientos. Son tan personas como nosotros y con igual razón de tener exigencias, aunque vale aclarar, que también sus exigencias obedecen intereses fuera de los comunes o los usuales, siendo así, un conflicto de intereses muy discrepantes que abordan cosas más allá de la percepción particularista de la delincuencia.

Como conflicto de intereses, la vía por excelencia para solventar dicho conflicto, es la política. Cosa que resulta la peor solución para la gente. No solo porque su concepción de política constituye una práctica fallida, sino porque suponen, no es inmediata o la apropiada para la situación, cuando en realidad, es la única que es certera. No solo porque reconoce el problema, sino porque constituye posibilidades que no involucran la supresión de derechos de ninguna de las partes y busca profundizar en lo que realmente radica el problema.

La violencia como única herramienta política.
La violencia se ha constituido como una opción 'viable' para abordar el tema, cuando en realidad, supone que el problema ya se ha resuelto, es decir, supone que hemos perdido tanto que la única opción disponible y capaz, es el uso de la violencia. Es acá donde vemos otro de los factores incidentes y determinantes del conflicto, pues la violencia es el lenguaje actual y la única forma de política. Esto se refleja día a día, y esto a su vez refleja la historia y tradición en la que estamos acentuados, donde solo con violencia hemos logrado llegar a resoluciones lo suficientemente duraderas como para solventar esta problemática. Iniciando desde el levantamiento campesino y la consecuente reacción del gobierno de Martínez.

Y si comenzamos a ver más atrás, somos un pueblo oprimido, al inicio, por los señoríos de los pueblos originarios, luego por la conquista española y a pesar que llegamos a ser independientes de ellos, la independencia era única para un grupo selecto (y élite) de personas, pues pretendían defender una cantidad de tierra que cubría exclusivamente sus terrenos y otros que estaban interesados por adquirir. Nuestra historia, la de El Salvador, se ha constituido a partir de la violencia.

Así es como podemos ver que nuestro 'ethos' radica en la violencia como herramienta de emancipación histórica, sin embargo, en ningún momento hemos extraído de esta verdaderos resultados. No solo porque quienes la dirigen, en muchas ocasiones, no cuentan con la correcta base teórica para generar un progreso de su situación precaria y porque conciben la política como exclusiva de quienes ejercen el poder como forma de dominio.

Esta es la forma de ver política y de hacerla. Sin irnos muy lejos, los acuerdos de paz se hicieron a costa de la perdida de muchas vidas. Tanto de un bando como otro. Aun así, de estos acuerdos no hemos extraído mayor progreso, pues nos encontramos en una situación que parece reflejar las mismas condiciones a priori de la insurgencia civil.

Si realmente pretendemos establecer las bases para un análisis de la situación actual, hace falta hacer un análisis diacrónico de la realidad política salvadoreña, pues solo así podemos ver las connotaciones violentas de nuestro pensamiento y las incidencias que se encuentran presentes en las personas actualmente.

Los derechos humanos como impedimento político
Como ya hemos demostrado anteriormente, la política se concibe como el empleo de la violencia como medio de solventar un conflicto, en consecuencia, el principal impedimento, son los derechos humanos.

Es acá donde debemos detenernos de nuevo a analizar las implicaciones de esta argumentación. Quiere decir que esta se concibe como impedimento por dos razones: Una porque son 'leyes' o 'convenios' que no llevan a la resolución de problemas, por pertenecer a otro tipo de lógica política. Segundo, porque a quienes pretendemos ejercer esta violencia, se les considera 'humanos' y de nuevo, las connotaciones de esto reflejan una idea muy arcaica y dañina. Porque quiere decir que ellos no son humanos, ni si quiera se 'acercan' a esa categorización, mucho menos de otra cosa. En consecuencia, quienes están a favor de los derechos humanos, se han vuelto defensores de los delincuentes, porque ven en ellos 'algo' que los hace acreedores de derechos y les otorga 'inmunidad'.

La lógica de la política de violencia no solo es deshumanizante, sino que imposibilita las condiciones de un análisis más profundo y real. Se vuelve la tergiversación del mundo. Donde se reduce a cosas que están posibilitadas a hacer y aquellas que no y nosotros como ciudadanos, estamos imposibilitados, por tanto, el gobierno debe de ser fuerte para posibilitarnos accionar político y social.

Esto se ha vuelto una lucha de 'cosas'. No existen humanos. Peor aún, se les atribuye a los defensores de los derechos humanos como 'defensores' de los delincuentes, cuando la verdad, en ningún momento se ha enunciado ello, mucho menos algún tipo de inmunidad. Lo que se pide es igualdad de condiciones materiales y sociales para las personas, de manera que estas se encuentren al mismo nivel a la hora de ser juzgadas.

El estado de quienes pueden y no pueden.
Si algo han demostrado las pandillas, es que tienen capacidad para generar miedo, es decir, han generado una cantidad de muertos que esta por superar las cifras de la guerra y aun suponiendo que dichas cifran no sean las reales, y que los medios o el gobierno nos mientan, no podemos decir que estas no poseen el poder necesario para que se esconda o se exagere dicha cantidad.

Es debido a esto que las personas ven la necesidad y obligación de tener un gobierno que sea capaz de asemejarles, pero el problema reside que el gobierno también se encuentra interesado por realizar dichas acciones, pero se encuentra imposibilitado, pues no sabe por qué optar, ya que se encuentran con el dilema de quedarse como quienes pudieron solventar el problema a costa de la muerte de cientos o como quienes no pudieron hacer nada al respecto y por ello, pierden relevancia política, cosa que para las cúpulas políticas (FMLN, particularmente) no se encuentran interesados en apostar, pues supone la falta del poder administrativo.

Y esto que aún no hacemos cuenta de los grupos paramilitares que dicen estar posibilitados para eliminar pandilleros y que pudiesen tornarse en otro jugador relevante en la estrategia política nacional, ya que se encontrarían avalados por la opinión pública, aunque no me atrevo a decir que tantas personas realmente legitimarían dichas acciones, pues el análisis no pretende girar en torno a esa figura y mucho menos se encuentra sustentado con los elementos necesarios para hacer esa especulación,

Un gobierno Fascista, un gobierno que solvente todo.
Las características fascistas se encuentran presentes en el debate público sobre la inseguridad, cuyas raíces históricas, aún se encuentran incidentes en nuestra sociedad. El fascismo en Europa se desarrolló con las mismas condiciones que encontramos en El Salvador. Sociedades devastadas por la guerra, estados incapaces de solventar los problemas sociales y ciudadanos añorando soluciones a costa de lo que sea.

Como sociedad, hemos avanzado mucho, tanto así, que somos de los pocos países que han mantenido sus acuerdos de paz luego de un conflicto armado y aunque el autor de esta entrada guarda sus reservas sobre este logro, vale decir que es algo que demuestra la posibilidad de solventar las problemáticas sociales fuera del ámbito violento.

El país requiere una nueva forma de hablar sobre política y debe alejarse de las raíces violentas y fascistas que se encuentran presentes en nuestra sociedad, pues creemos que el problema se reduce a un sector particular de la población que nos ha imposibilitado de desarrollarnos, en pocas palabras, somos una Alemania esperando por un Hitler que elimine a nuestros judíos. Lo peor de todo, es que hay varios candidatos y somos nosotros quienes estamos alentando ese tipo de actitudes, sin pensar las consecuencias de nuestros actos a futuro. Pues no hablamos de una generación futura, estamos hablando de nuestro presente como pueblo, que aun funciona bajo los esquemas de antaño y donde el debate público se reduce a simples formas de enunciación que no presentan mayor rigor lógico, político, social, ético y moral.

Quien termina perdiendo, jamás va a ser el que se encuentra por arriba de los comunes, pues tiene los medios adecuados para cambiarse de domicilio o país. Somos nosotros, los pobres, marginados e imposibilitados los que se vuelven los acreedores de una deuda en cuerpos. Y somos quienes pueden decidir cómo pagar dicha deuda. No podemos rechazar la deuda y mucho menos pretender que se pagara con más muertes. Nos hemos deshumanizado tanto como sociedad que hemos reducido los muertos a cifras, las cifras a secretos y los secretos, a negocios.


Nosotros podemos hacer un  verdadero cambio desde el momento que optamos por incursionar en el debate público y la libre expresión. Somos quienes se encuentran posibilitados de emancipar un cambio que se encuentre fuera de los esquemas tradicionales de política. Si nos tomásemos un momento para la reflexión, el país sería muy distinto para todos.

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